domingo, 22 de enero de 2012

Nunca detenerse

fragmento de la ilustración "Oscuro Presagio"




Seguimos avanzando material de lo que pronto será nuestro primer relato ilustrado, todavía no nos atrevemos a dar una fecha concreta pero nuestro objetivo ronda los dos meses para completar las ilustraciones y dar los últimos ajustes de maquetación. 

De momento poco más os puedo contar, sólo que no hemos parado de trabajar y cada vez estamos más contentos con el resultado. Ya hemos empezado a hablar de la posibilidad de continuar este formato con otras historias, pero ya os contaremos cuando sea el momento ;).

Pencil Sketch: Äriel

Pencil Sketch: Allwënn




viernes, 25 de noviembre de 2011

La Calma que precede a la Tormenta

Seguimos aquí. Soul&Sword se mueve, se acerca, vibra... A principios del próximo año verá la luz el primer proyecto ilustrado. Soul&Sword será un libro autoconclusivo que narra una historia previa a la de las novelas de la Flor de Jade. Por que no decirlo... estoy disfrutando :)
Swords Storm - colour sketch

pencil Sketch
pencil Sketch

lunes, 29 de agosto de 2011

Äriel en Exotique 7. Charro gana.


Después del necesario y obligado parón que nos ha impuesto el verano, amanece septiembre con una noticia que nos impulsa y nos da energía de nuevo. Esta ilustración de Javier Charro perteneciente a nuestro proyecto Ällwënn: Soul&Sword ha sido seleccionada por la prestigiosa editorial Ballistic Publishing para su catálogo anual EXOTIQUE. El número de este año será el séptimo que esta editorial australiana que lleva años siendo una de las referencias internacionales de la ilustración digital y sus autores más relevantes. Que nuestra Äriel haya sido seleccionada es un triunfo personal de Javier Charro y una muestra de la calidad de su trabajo y también de la calidad que está imprimiendo a este proyecto nuestro que sigue incansable su angosto camino.
Quiero sumarme en lo personal a esa falicitación merecida y compartir con todos vosotros esta noticia relevante que nos da mucho ánimo y fuerza para todo lo que ha de venir.
Nuestro galeón avanza. Felicidades Javier Charro. Mi más sincera enhorabuena. Estamos orgullosos de ti.

Podeis tener más información sobre Ballistic y sus anuarios aquí.

jueves, 25 de agosto de 2011

Quinta Estrella: Comprada.


Acababa de comprarla.
Comprar sus ojos, su mirada. Acababa de comprar aquellas manos, esa espalda, esas piernas temblorosas. Ese pecho que se esforzaba por parecer inalterado. Comprábamos sus dedos, sus pestañas, todos los supiros que pudiera guardar esa garganta, todas sus gotas de sudor. Incluso, todas sus lágrimas.

Me partió por la mitad su última mirada antes de encaminarse bajo las escaleras donde probablemente se encontraban las pequeñas habitaciones personales de aquellas chicas. Era la mirada justo después de recibir la noticia. Era una mirada en la que no cabían más miedos. Estaba aterrada pero me impresionó la dignidad con la que supo tragarse aquella debilidad. Me pareció tan digna, tan valiente...
Acababa de comprarla. Teníamos derecho sobre ella hasta que nos cansásemos. Tanto y tan poco parecía valer según los códigos crueles de las Bocas. Era nuestra. Era mía.

Mia...

Pensaba en eso mientras la contemplaba alejarse, despacio. Seguramente con la cabeza llena de preguntas y miedos por el futuro inmediato. No sé si era consciente del poder que teníamos en ese momento. Tragué saliva.
Mía, por un puñado de Ares. Un puñado de Ares robados, ensangrentados. Capaces de compar sus párpados, pero nunca los latidos de un corazón.
Ningún hombre debería poder comprar a una mujer. Supe que aquella jamás sería comprada. Me lo decían sus ojos. Me lo decía algo que no se escuchaba.
Pensé... no es más que una camarera a la que acabas de forzar a ser prostituta una noche. Es algo que iba a ocurrir antes o después en este maldito lugar. No es tu problema, Allwënn. No es tu problema. Paga. Usa y lárgate sin mirar atrás.

Paga. Usa...

Hubiera sido fácil. Nadie, nadie hubiera puesto un ojo en nosotros. Coge lo que es tuyo.
Pero no era mío. No importa cuánto hubiese pagado por ella. Veinte Ares, doscientos, dosmil. No importa. No era mía.
Solo le estaba salvando la vida.
Solo la estaba alejando de la carnicería.
Solo quería tenerla cerca cuando la tormenta estallase.
Solo quería tenerla a mi lado esa noche y no puedo explicar por qué, no puedo. Porque un guerrero sabe cuando la muerte está rondando. Cuándo saborea el festín. Cuándo se relame de gusto... y había algo en ella. algo poderoso, inexplicable. Algo que me tenía tan confuso que no era capaz de identificar. Algo que me decía que aquellos ojos, aquellos ojos merecían seguir vivos al amanecer y que pocos ojos iban a tener ese privilegio dentro de unas horas.
La compraba para salvarla, aunque jamás se lo diría. Aunque ni siquiera sabía si ella hubiese preferido morir esa noche. No pretendía nada más. Alejarla. Seguir la voz de mi pulso. Mi instinto. Gritaba. Decía: mírala bien. Es ella.

Pero ella ¿Quién?
Ella. Ella. Ella.
Ella ¿Quién? ¿Por qué es importante? Una camarena de un prostíbulo demasiado joven como para que sus ojos puedan hablar de un mundo más allá de estas paredes húmedas y ni siquiera puedan confesar secretos aprendidos bajo esas sábanas de alquiler. ¿Por qué es importante? Nosotros solo somos perros. Demasiadas cicatrices en estos cuerpos. Demasiada sangre y barro en el camino por delante. ¿Por qué ella? ¿Por qué hoy? ¿Por qué este lugar?

...y entonces, sin poder explicarlo, sin entenderlo supe que todos mis pasos me habían conducido sin compasión a este momento, a este lugar y a esa desconcertante chica que huía escaleras abajo dispuesta a venderse a dos desconocidos la noche en la que la muerte nos perseguía. Todo cuanto había hecho, todo cuanto había ocurrido en mi vida me conducía a este lugar. Aquí, sin poder tener ninguna razón coherente que lo explicara supe que mi vida cobraba sentido. Solo aquí y ella. Parece ridículo. Parece de locos. Si Gharin puediese haber escuchado mis pensamientos en ese instante se hubiese retorcido de risa o hubiese huido de mi demencia. Yo mismo estaba entre ambos extremos.
Mírala bien: es ella. Esa frase se repetía en mi cerebro hasta atormentarme.
Ella ¿Quién?
Ni siquiera sabes su nombre y ya estás dispuesto a matar por ella.
Ella... La que va a cambiarte la vida para siempre. La que ya lo ha hecho y no lo sabes.

Hay cosas, sensaciones, certezas que no puedes explicar por qué ocurren, pero ocurren.
Aquellas no se equivocaron. Nunca se equivocan. No importa cuánto quieras silenciarlas. Y yo traté de hacerlo, lo juro, aquella misma noche. En aquel mismo lugar.

Acababa de comprar lo que no puede comprarse: el destino.
Cuando volvió a aparecer por el hueco de aquella escalera no tuve que esforzarme por contener el aliento.
A partir de entonces, jugamos a fingirnos.

 









miércoles, 25 de mayo de 2011

Una escena en 6 pasos

Os dejo algunos pasos de la realización de la escena "O los dos... o ninguno". La ilustración fue realizada integramente en photoshop tras algún pequeño garabato a lápiz, no mayor de 5cm de ancho. Trabajar en digital me permitía mover la composición con los elementos separados por capas para que todo encajara correctamente. Normalmente empiezo a trabajar con unos pocos tonos para dar los volúmenes y valores de profundidad a la escena para luego ir añadiendo detalles y color de forma... un poco intuitiva :)







sábado, 14 de mayo de 2011

Allwënn, Cuarta estrella. A Vida o Muerte.


 —¿Qué hay, en realidad, más peligroso que una mujer?


Los recuerdos de Äriel, primero



Le apretaba demasiado. 
Ella mira su muñeca prisionera entre mis dedos tragándose un gesto de debilidad. Mientras, Gharin se le aproxima por uno de los lados. Arrastra su silla para quedar lo bastante cerca de ella como para propiciar un contacto mucho más cercano e íntimo. Se da cuenta tarde o disimula muy bien ante el acoso. Ella le recibe con una sonrisa encantadoramente falseada en su rostro. Las manos de Gharin no se hacen esperar. Hay que hacer creíble la pantomima. Hay que retenerla lo bastante para sonsacarle información sin que nadie sospeche. El coqueteo es el disfraz más acertado en este contexto. Nadie se sorprendería de unos clientes que flirtean y entretienen a una de las camareras.
Me mira. Ya la he obligado a sentarse con nosotros. Es una manera digna, casi orgullosa de pedir condescencencia a través de su mirada. Accede a jugar al juego que nosotros imponemos. 
Gharin ya ha empezado a pasar la mano sobre sus hombros. El juego ha comenzado y le llevamos ventaja. Suelto su muñeca pero he dejado mi palma sobre su mano. Fuerzo la sonrisa también yo. Alargo mi jarra hacia ella y le ofreco beber en un gesto de tregua.
-Que parezca que disfrutas con esto.
Acepta porque no tiene muchas opciones. Bebe un sorbo corto, apenas mojarse los labios. Me vuelve a mirar. En sus ojos hay un millar de lecturas.  Trata de parecer cómoda en la situación, de ser solvente, de no dejarse intimidar pero no es cierto. Está temblando porque lo percibo en el contacto de mi mano con el dorso de la suya.
-Y ahora... dinos por qué no es seguro este lugar. 
Mis dedos empiezan a recorrer su piel. Ella suspira y empieza a ofrecer detalles. Está nerviosa. Gharin sigue acariciándola. Sus manos la envuelven. Ella trata de no parecer soprepasada. Me gustan sus esfuerzos por mantenerse íntegra, por dar imagen de que es ella quien controla la situación... sin embargo, noto su turbación por nuestra proximidad, su incomodidad ante nuestras manos... pero hay algo que la mantiene ahí. Una parte de ella desea quedarse. No hago esto por disfrute. Hay razones de peso. No soy como Gharin, él está disfrutando este teatro.  
Una trampa, una encerrona. Según nos cuenta. Eso es lo que va a ocurrir. Usar la seducción como arma mortal. Tan viejo... tan retorcido. Acabar con un problema entre las sábanas. Es una guerra de bandas. Una maldita guerra de bandas que va a teñir de sangre todos los lechos de este burdel y nos ha encontrado en medio. Una maldita guerra de bandas. ¡Lo que nos faltaba!
Miro alrededor mientras habla. A pesar de lo apremiante de la situación, el teatro necesita más convicción. Gharin parecía muy cómodo en su papel. No finge. Ella sí lo hace. Nuestras manos la incomodan. No puede esconder que no está acostumbrada al tacto de los hombres. Es algo más allá de toda duda. Ella no alterna. De hecho no creo que haya pasado de servir cervezas y fregar la sala. Quiere parecer natural, cómoda, tranquila pero su piel se crispa con cada roce, como si nuestro contacto fuese eléctrico. Pero hay algo de ella que me golpea y que me intriga. Nos ha revelado el peligro y no hay razón lógica para ello. Luego está su esfuerzo por parecer fuerte y eso la hace realmente fuerte. Hay algo en ella...

En aquel lugar parece que nadie se percataba de lo que ocurre en la mesa. Todo el mundo está demasiado distraido en su "propios asuntos" y por regla general esos "asuntos" también tienen las piernas bonitas. Sin embargo, eso sólo es así en apariencia. Madame hace un rato que no nos quita ojo de encima. Está claro que no le gusta que entretengamos a su camarera. Pero no es la única. Hay una chica, muy guapa, de gesto altivo, segura, que nos mira desde la balaustrada del segundo piso donde se exhibe junto al resto de chicas. Sin embargo, el que más me preocupa es un tipo grande y fornido que hay en un rincón junto a las chicas. Luce las cicatrices propias de quien ha hecho de la violencia su modo de vida. Su mirada es depredadora. Sabe algo. Intuye algo. Estoy poniendo en peligro a esta chica, pero ella es la única que puede ayudarnos.
Toco su piel y sus ojos vuelven a mirarme. Sigue hablando pero mis dedos leen más allá de sus ojos y sus poros. Hace el esfuerzo por mantener la coherencia en el discurso y yo... yo lo hago por no hundirme en aquel tacto eléctrico. Me esfuerzo por atender a la gravedad de la situación. No sé qué me ocurre. Solo es una camarera. 
Nos confiesa que va armada cuando mis manos habían decidido pasearse por sus muslos. Por encima de su gruesa falda pero a la altura de su ingle mi mano encuentra un tesoro escondido. Toco el pomo de un puñal. tosco pero afilado. Es lo que iba encaminado a encontrar pero una parte de mi lamenta dejar de tener una excusa para quedarme de sus muslos. 
¡¿Pero qué estoy diciendo?!

De un movimiento preciso le retiro el arma de su entrepierna que cae al suelo. Ella se siente indefensa. Es necesario. Es necesario. Ella ha sido justa. Tiene palabra. Yo también. La dejamos ir creyendo que gana, sabiendo que pierde. 
Gharin me mira. La situación se complica. Suspiro y antes de saber cómo o por qué mis ojos están buscando a esa camarera que al regresar a la barra ha centrado la atención de sus compañeras. Ella sonríe con un gesto extraño y apenado en la cara. Está sola en mitad de un océano de basura y yo no sé por qué eso debería preocuparme más que mi propia suerte o la de mi compañero... pero lo hace. Es la primera vez que me ocurre. 
Vuelvo a mirar al tipo duro que vigila el local. Me mira y luego la mira a ella. Esa chica está en peligro.
-¿Y bien? -Gharin hace un rato que espera una respuesta.
-Ofrece 20 Ares por la chica.
-¿Por la camarera? ¿Quieres subirla a las habitaciones? -Gharin me mira como si hubiese perdido el juicio. Quizá lo he hecho. Debería de estar acostumbrado. Maldito elfo-. Una noche con ella no vale...
-¡¡20 Ares. Gharin!!- me enfurece que me cuestione. -Quiero una oferta que nadie pueda rechazar. Es mi dinero. Tú consigue que la Madamme acepte jugar con su camarera.
-Por ese precio te dejaría jugar con el mediorco que tiene tras la barra. Es mucho por pasar una noche, Allwënn -dice mientras se levantaba con mi bolsa de plata en sus manos.
-Es muy poco dinero por una vida... -pero eso ya no lo puede escuchar. Mi voz se la traga el murmullo frenético del local.
La busquo una última vez con la mirada. 
Una vida. 
Ni siquiera yo sé de la trascendencia de lo que acabo de hacer.
No sé por qué lo he hecho. Pero no puedo no hacerlo.

 


 



jueves, 5 de mayo de 2011

Allwënn, tercera estrella, La noche menos indicada.


Lee los recuerdos de Äriel, primero. Aquí

Un instante que ha quedado suspendido en un segundo, un instante efímero, que se pierde entre el rostro de quienes atestan aquel lugar. Hay una tensión larvada, puedo mascarlo. Conozco esas miradas, miradas que se cruzan, atentas, tensas. Demasiadas miradas. No he olvidado por qué estamos allí. Nada puede distraernos. Nos jugamos mucho. Sigo percibiendo esa tensión. Demasiada tensión. Algo ocurre. Lo huelo. Lo presiento. Gharin se ha acercado a una mesa. Está llena de jarras vacías y alguna que otra botella de licor.
Se aproxima  una de las camareras a limpiarla. Noto cómo Gharin la estudia con ojo rapaz, de arriba abajo. Le sonríe. Le gusta. Ella también le sonríe. Algo más forzada. Estoy ocupado observando la tensión del ambiente. No me he percatado de que quien nos atiende es ella. Me mira. La miro. No puedo dejarme distraer, así que sigo observando. Escucho a Gharin pedir cerveza por los dos. Tantos años de viaje hacen innecesario cuestionar algunos gustos. La chica pasa junto a mi. Huele a cerveza y perfume barato. Probablemente no es suyo. Su pelo lleva impregnado el olor a madera quemada de las cocinas. Al pasar ante mi me deja ese aroma. Me huele a campamento bajo las estrellas, a charlas de madrugada, a una copa de licor antes de cerrar los ojos. Me huele a libertad y horizonte… y luego miro aquel lugar atestado de humos y ruido. Un coro de chicas maquilladas al excesivo gusto de las Bocas observa la clientela desde el entrepiso. Casi son un muestrario. Un catálogo del producto que ofrece el local. Aquello es cualquier cosa menos libertad, cualquier cosa salvo horizonte.
La chica regresa. Tiene el pelo corto y es menuda, casi frágil. Desaparece entre las montañas de cuerpos de aquel tugurio atestado. Su rostro es dulce pero tiene la mirada fiera. Vuelve a pasar ante mi para dejar nuestras cervezas. Vuelve el olor a cocinas. Ahora me huele a mazmorra y prisión. No sé por qué. Hay algo que me apena profundamente pero no lo puedo explicar. La miro y algo se me rompe por dentro. Trato de no perder mi concentración. Estoy allí por otros motivos y la tensión en el ambiente me vuelve a golpear la cabeza. Demasiada mirada tensa. Ya se lo he dicho a Gharin. Aquí ocurre algo.  
Oigo a Gharin flirtear con la chica. Es lo normal. Creo que le llama la atención simplemente porque es camarera y no puede alternar. Provocar es su habilidad. Escucho una frase perdida en la conversación. Ella ha buscado quedarse. Dilata  su tiempo al servirnos. Hace un rato que frota la misma porción de madera de nuestra mesa. Si sigue así pronto le hará un agujero.
—Yo acabaría la bebida y me marcharía. Es una mala noche para quedarse aquí. Yo no os he dicho nada.
«Yo no os he dicho nada». La miro. Sus pupilas quieren parecer fuertes, quieren sostenerme la mirada pero se hunden. Hay culpabilidad. Sabe algo. Es un aviso. No finge. Trata de avisarnos. Ocurre algo, ella lo sabe y quiero saberlo. Me juego la vida. Nos jugamos la vida.
Mi mano ancla su muñeca a la mesa. No espera ese movimiento. La sobresalto. Mira mi gesto con temor. Estoy acostumbrado a ese tipo de miradas. Su expresión hacia mi ha cambiado. Imaginaba que no duraría para siempre. Sin embargo, ahora también ella ha dejado de ser esa mirada que hace un instante me turbaba. Ahora es la persona que tiene en sus labios la posibilidad de darnos una posición de ventaja si el destino había decidido aquella noche jugar con nosotros a apostar la vida.
—Quiero saber todo lo que esté pasando—. Mi cara fuerza una sonrisa—. Sonríe —. Ella también sabe falsear una sonrisa—. Finge que te agrada la conversación.
Pero el destino había dispuesto ya las cartas sobre la mesa. Yo aún no lo sabía. Estaba a punto de conocerlo.